La llaman «contemplativa», y la palabra acierta. Esta vuelta de casi trece kilómetros no busca la hazaña: se toma su tiempo para rodear Castelnau-de-Montmiral, bastida albigense encaramada sobre el Vère, y mostrar sus alrededores — campos, bosques, laderas de viñedo y, siempre presente en el horizonte, el bosque de la Grésigne.
La salida cruza el corazón del pueblo, bajo los soportales de la plaza mayor, antes de volcarse hacia el campo. El recorrido alterna senderos de bosque y caminos abiertos, pasa junto a la zona de ocio y su lámina de agua, y vuelve luego por las alturas, desde donde se despliega el valle del Vère. Es una caminata de media jornada, sin dificultad técnica pero con suficiente desnivel para notarla en las piernas.
Calcule cuatro horas y media con las paradas, y 325 m de desnivel repartidos por todo el trazado. La señalización es buena; la sombra, abundante por el lado del bosque, más escasa en las laderas. En primavera y en otoño, la luz sobre el Vère y los colores de la Grésigne ya merecen por sí solos el viaje.