Es una de las vueltas más bonitas de la zona de Gaillac, y una de las más exigentes de esta selección. Desde Puycelsi, pueblo fortificado encaramado en su peñón, el sendero baja al bosque de la Grésigne — un robledal de 3.500 hectáreas, antiguo bosque real, donde se camina horas bajo los robles sin cruzarse con nadie.
El recorrido alterna ambientes: las murallas y el huerto conservatorio al principio, luego la larga inmersión en el bosque y, por fin, el valle del Audoulou, un vallecito fresco donde el arroyo salta de poza en poza. Es una caminata de sombra y de sotobosque, ideal cuando la llanura aplasta de calor — pero con 523 m de desnivel, hay que ganársela.
Calcule cerca de cinco horas, tomándose el tiempo. La señalización es correcta, pero la Grésigne es vasta y los caminos se parecen entre sí: lleve un mapa o una traza, y agua, porque los puntos de avituallamiento escasean una vez bajo los árboles. A la vuelta, la subida final hacia Puycelsi recompensa el esfuerzo — el pueblo se desvela por tramos, como una ciudadela.